Déjate llevar

Déjate llevar

Déjate llevar, decía una voz en mi interior. Mi cabeza daba vueltas, cansado, mareado, agotado. Tan cansado estaba que no podía caminar.
Déjate llevar, me seguía diciendo. Me senté y cerré los ojos un momento. Saldría a volar, saldría a nadar, saldría a reír, a dejarme llevar, sí, eso es.
Me desnudé y me fui a la playa. Eran las nueve de la noche. El mar calmado, los últimos rayos golpeaban la orilla y mi sombra alargada iba delante de mí.
Déjate llevar. Me tumbé en el agua y cerré los ojos. Los oídos tapados por el agua, me dejaban escuchar el sonido del silencio. El agua me balanceaba y sin más, me dejé llevar.

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