Medias

Medias

Me preguntó si tenía medias. Sí claro, le contesté. Entonces, póntelas, no te arrepentirás.

Desde que se trasladó al vecindario, nuestros encuentros, al principio esporádicos, fueron cada vez más frecuentes. Cada vez nos conocíamos más sexualmente aunque no queríamos reconocerlo.

Era él quien solía venir a casa. Los dos sabíamos cómo acabaríamos pero nos gustaba jugar. Primero hablábamos, nos gustaba hacerlo porque así nos íbamos conociendo, después nos rozábamos y ninguno lo rehuía. Con el primer beso, callábamos hasta que yo tenía un orgasmo o él una eyaculación. Normalmente nos corríamos los dos, queríamos hacerlo. Nos vestíamos, nos dábamos un beso y actuábamos como si nada hubiera ocurrido hasta el siguiente encuentro que esperábamos cada vez con más ansia.

Después del verano, el vecindario preparaba una fiesta. Primero cena y después baile. Allí estábamos los dos, yo con mis medias y él con su camisa blanca. Todos nos consideraban como pareja, aunque no queríamos admitirlo.

Reímos hasta la saciedad pero los dos estábamos nerviosos porque sabíamos que después iba a haber sexo y la risa era cada vez más nerviosa, las miradas con más complicidad y los roces en el baile nos iban calentando.

Llegamos a la puerta de mi casa y nos dimos un beso de despedida. Lo hacíamos siempre pero, a veces, él, sin soltarme la mano, entraba detrás de mí. Y esa noche pasó eso.

No encendí la luz. Me cogió por la cintura y  nos besamos en la penumbra. Nos miramos sin decir nada y así estuvimos un buen rato. Yo sabía, por nuestros encuentros, que le gustaba mucho ver cómo me desnudaba y a mí me gustaba ver cómo se sacaba el pene y le crecía hasta ponerse bien erecto. Todo lo hacíamos en silencio, sin preguntar y los dos sabíamos lo que iba a pasar pero aquella noche me sorprendió.

Después de besarnos, se sentó en el sillón y se sacó el pene. Todavía lo tenía fláccido, así que empecé a desnudarme delante de él. Primero el vestido. Él se masturbaba y le iba creciendo. A continuación me quité el sujetador y por último las braguitas. Me quedé con las medias negras, el liguero rojo y los zapatos de tacón a juego con el liguero. Su pene estaba a punto para recibir mi boca. Me puse en cuclillas delante de él, se lo cogí y lo lamí. Cerré los ojos y sentí sus manos sobre mis pechos. Me gustaba estar así. A veces yo me metía los dedos en la vagina y eso hice esa noche.

La luz de las farolas era la única iluminación del salón. Ésa y sus ojos que transmitían todo su placer. Lo fui chupando más fuerte hasta que tuve mi primer orgasmo, masturbándome y chupándolo.

Entonces se levantó y yo con él. Se desnudó y nos volvimos a besar, ahora con su pene entre mis piernas. Los besos ya no eran dulces sino fuertes y apasionados. Su cuerpo desnudo y el mío en parte aunque sabía que así le gustaba mucho más.

Esperé su próximo movimiento que no tardó en llegar. Me tumbó encima de la mesa, me abrió las piernas y empezó a jugar con mi sexo. Le gustaba hacerlo mientras se masturbaba con una mano y con la otra me acariciaba y me llenaba de placer. Esperé su lengua que metió como recta y dura, como si fuera su pene y empezó a chuparme. Conocía mis puntos erógenos que acariciaba y chupaba hasta que tuve mi segundo orgasmo, con su lengua dentro de mí. Le apreté la cabeza contra mi sexo hasta que terminé.

¿Qué iba a ser lo siguiente?

No tardé en averiguarlo. Ya no quería besarme ni yo que lo hiciera. Estábamos desbocados y necesitábamos más. Sabía que mi atuendo le excitaba y el éxito que estaba teniendo era extraordinario, fuera de lo normal.

Sin mediar palabra me bajó de la mesa, me dio la vuelta, me apoyó contra ella y supe que me iba a penetrar por detrás. Enfrente tenía un espejo y me miré. Él estaba detrás mirando su pene para penetrarme. Yo, con las piernas abiertas, con zapatos y medias, me excitaba mirarme a mí misma con los pechos sobre la mesa. En ese momento noté su pene en mi vagina, sus manos sobre mi culo y empezó hacerme suya. Yo no podía dejar de mirar al espejo. Me encantaba sentir su pene caliente dentro de mí.

Hubiera estado horas así pero entonces vi su cara de placer, sabía que se iba a correr y entonces se me ocurrió algo. Me di la vuelta me agaché y me lo metí en la boca. Su semen no tardó en salir y llenarme la boca por completo.

Seguí chupándolo y noté cómo me caía el semen por los pechos que empecé a frotarme. Se le fue cayendo pero me gustaba seguir chupándoselo hasta que lo tuvo limpio y solo mi saliva lo cubría.

Me levanté y lo besé. Sin mediar palabra empezó a vestirse. Al final me dio un beso y me dijo: esas medias son preciosas.

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