Tres rosas

Tres rosas

El sol invernal entraba por los grandes ventanales de la cafetería y un pequeño rayo se posaba encima de la rosa que, indefectiblemente, llevaba el hombre a la mujer todos los domingos. Pasarían de los ochenta, pero iban impecablemente vestidos.
Un día llegó y contrariado, vio que la mujer no estaba. Después de hablar con el camarero, dejó la rosa en un vaso de la mesa. A partir de entonces, el rito cambió y la flor quedó sola.
Otro día dejó de venir el hombre y, después de hablar con el camarero, decidí ser yo el que dejara dos rosas encima de la mesa. Mi amada me preguntó por qué lo hacía y le conté la historia.
Ahora, llevo tres rosas. El camarero me pregunta y le digo: son para ellos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.